Edición IV Setiembre-Diciembre 2016


Revisión Bibliográfica

Interacciones alimento-medicamento


Interacciones entre alimentos y medicamentos


Dr. José Murillo Cubero
Licenciado en farmacia y farmacéutico del Hospital Clínica Bíblica.
Miembro del Colegio de Farmacéuticos de Costa Rica.
Costa Rica
This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Dr. Jorge Arturo Villalobos Madriz
Licenciado en farmacia. Farmacia Hospitalaria del Hospital Clínica Bíblica.
Miembro del Colegio de Farmacéuticos de Costa Rica.
Costa Rica
This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Murillo-Cubero,J; Villalobos,A. Interacciones alimento-medicamento. Crónicas Científicas. Vol. 4. No. 4. Pág.8-17.

Fecha de Recepción: 19 de junio de 2016
Fecha de Aceptación: 20 de julio de 2016


Resumen

Las interacciones entre medicamentos y alimentos pueden producir efectos nocivos sobre la salud de un paciente al provocar fallas en la seguridad o la eficacia del medicamento. Sumado a esto, se debe tomar en cuenta el estado nutricional del paciente, puesto que juega un rol importante en este tipo de interacciones. Estas se pueden clasificar en función de la afectación de un sustrato sobre el otro (medicamento sobre alimento o alimento sobre medicamento); así como del tipo de mecanismo por el que se producen, según lo cual pueden ser fisicoquímicas, farmacodinámicas o farmacocinéticas. La labor de los profesionales en salud es la de abordar de manera interdisciplinaria al paciente con el fin de evitar o disminuir las posibles interacciones de este tipo que puedan afectar la salud del paciente durante el consumo de su medicamento, y así lograr la recuperación satisfactoria y segura.


Palabras claves

Interacción medicamento alimento, farmacocinética, farmacodinámica, fisicoquímica, medicamento, alimento

Abstract

The food-drug interactions may produce harmful effects to the patient’s health by producing failures in the safety or efficiency of the drug. Taking in account the last statement, it is important to know the patient’s nutritional state, because this plays an important roll among these aforementioned interactions. They can be classified according to the substrate that is affected by the other (drug affecting food or food affecting a drug); and according to the mechanism by which they are produced, such can be physicochemical, pharmacodynamics or pharmacokinetic. The main goal of the healthcare professionals is to analyze these interactions in a multi-disciplinary manner keeping as a goal the avoidance or minimizing the possible food-drug interactions that may affect negatively the health of the patient during its medical treatment, thus achieving a satisfactory and safe outcome.


Keywords

Food-drug interactions, pharmacokinetic, pharmacodynamics, physicochemical, drug, food.


Introducción

Una de las preocupaciones más grandes al decidir el tratamiento de un paciente, es el poder implementar un régimen terapéutico seguro y eficaz, el cual contenga la menor posibilidad de fallo y efectos adversos para el paciente. En muchas ocasiones, esto se logra sin problema.

Sin embargo, existen situaciones en las cuales el fallo terapéutico se presenta, ya sea por una elección inadecuada de medicamentos o dosis, o por el hecho de que se presentó algún tipo de interacción con la terapia prescrita. Este tipo de situaciones ha hecho que tanto los médicos como los farmacéuticos estén pendientes de las combinaciones de medicamentos utilizadas, con el fin de que estas sean seguras para el paciente. Sin embargo, se deja de lado una interacción que es pasada por alto por los profesionales en salud.

Esta es la interacción entre los medicamentos y los alimentos.

Si bien es cierto que no se conoce con exactitud la magnitud de este tipo de interacciones, muchas de ellas ocurren diariamente, y no se consideran ni se toman en cuenta hasta que producen algún desenlace grave (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011; Turton-Weeks et al., 2001).

Este tipo de interacciones no se detecta con facilidad, como sí ocurre con las que se producen entre medicamentos; y son tomadas a la ligera por los pacientes, debido a la normalidad con la que se consumen los alimentos día a día. Se dice que algunos de los factores que contribuyen a este descuido, son una ausencia de definición y clasificación de dichas interacciones que esté aceptada universalmente, la vasta cantidad de informalización publicada día a día, y la falta de aplicación práctica de los conocimientos de dichas interacciones en los pacientes (Hansten, 2003).

Una de las armas más poderosas para evitar este tipo de interacciones, es el trabajar de manera interdisciplinaria y con retroalimentación entre profesionales de la salud al abordar un paciente, con el fin de educarlo en las pautas a seguir cuando se inicia un régimen medicamentoso.


Metodología

Con el fin de abordar este tema, se procedió a realizar una revisión de diversos artículos, tanto de publicaciones originales que tocan este tema como de revisiones, con el fin de recolectar la mayor cantidad de información. En la mayoría de los casos, salvo excepciones por fuerza mayor, se usaron referencias de no más de veinte años de antigüedad. Se analizaron las distintas interacciones que pueden darse entre medicamentos y alimentos, sus consecuencias y la forma de evitarlas. Esto con el fin de contar con una herramienta de guía al encontrarse con una posible interacción entre alimentos y medicamentos y saber cómo se debe proceder ante ella.


Marco teórico

La dieta de un paciente tiene un impacto significativo en la medicación que toma. No solo se consideran dentro de este tipo de interacciones los alimentos como tales, sino que también entran en esta categoría los suplementos alimenticios, así como las hierbas medicinales.

Las interacciones entre medicamentos y nutrientes pueden definirse de distintas formas; entre ellas, destacan: la modificación de los efectos de los nutrientes por la administración anterior o simultánea de un medicamento; y la modificación de los efectos de un medicamento por la administración anterior o simultánea de un alimento o nutriente (Fernández, 2012; San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011). Cabe destacar que estas interacciones pueden ser de manera unidireccional o bidireccional.

Los efectos que se producen a raíz de este tipo de interacciones son muy diversos, tanto en tipo como en magnitud. Sin embargo, pueden llegar afectar a distintas alturas de la cascada LADME (liberación, absorción, distribución, metabolismo y excreción) (Lasheras, 2003; San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011), mecanismo que está íntimamente ligado a la farmacocinética y la farmacodinamia del producto (Bushura, Aslam & Yar-Khan, 2011). Debido a que la magnitud de dichas interacciones es variable, se considera que una interacción entre un alimento y un medicamento que se sea clínicamente relevante debe ser aquella que amerite un cambio en la posología del medicamento o aquella en la cual se requiere intervención médica debido al resultado y al alto riesgo de fracaso en la terapia por la baja biodisponibilidad que causa el estado de alimentación (Nekvindová & Anzenbacher, 2007; Schmidt & Dakhoff, 2002).

Si bien es cierto que muchos medicamentos interaccionan con los alimentos, existen grupos de medicamentos que son más propensos a este tipo de interacciones debido a sus características, tales como los siguientes (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011):

  • Medicamentos con estrecho margen terapéutico; es decir, aquellos cuya dosis terapéutica está cercana a la dosis tóxica. Ejemplos: warfarina, teofilina, digoxina y teofilina entre otros.
  • Medicamentos con una curva dosis-efecto de pendiente muy pronunciada, en cuyo caso, un cambio pequeño en la dosis produce un cambio grande en el efecto.
  • Medicamentos que para tener un efecto terapéutico adecuado deben tener concentraciones plasmáticas sostenidas, como por ejemplo, aquellos antibióticos cuya acción farmacodinámica es dependiente del área bajo la curva sobre la concentración mínima inhibitoria, como lo es la vancomicina o las fluoroquinolonas.

Tipos de interacciones

Existen varios criterios para clasificar este tipo de interacciones; una de ellas se establece en función de cuál de los sustratos es el que ve modificado su comportamiento en presencia del otro, o sea, se habla de interacción alimento-medicamento y medicamento-alimento. La primera es aquella donde el alimento modifica el actuar del medicamento, mientras que en la otra sucede lo contrario (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011).

Sin embargo, es más conveniente y fácil de aplicar clínicamente la subclasificación de dichas interacciones de acuerdo con tres mecanismos distintos, que son: fisicoquímico, farmacocinético y farmacodinámico.

Este tipo de interacciones es tan complejo que, aun entre medicamentos del mismo grupo terapéutico, ocurren resultados distintos. Ejemplos de esto los dan la lovastatina, que debe ser tomada con alimentos para aumentar su absorción gastrointestinal y su biodisponibilidad; y la rosuvastatina, la cual, por el contrario, se debe tomar con el estómago vacío para maximizar su efecto y absorción (Li et al, 2007). Esto depende mucho de las modificaciones estructurales de la molécula, las cuales le confieren a las estatinas nuevas características, haciéndolas únicas y brindándoles ventajas unas sobre otras. Debido a ello, se ha identificado una lista de posibles causantes de interacciones:

  • Interacción de un fármaco con el metabolismo de varios nutrientes.
  • Interacción de un nutriente con la forma de liberación de un medicamento, sea esta inmediata o controlada.
  • Cantidad y composición del alimento ingerido.
  • Estado alimenticio: ayuno o desnutrición.
  • Variabilidad entre cada uno de los pacientes, la cual es otra rama de estudio completamente aparte conocida como farmacogenómica. Esto, ya que los pacientes pueden tener distintas condiciones genéticas que los hacen más o menos susceptibles a cierto tipo de medicamentos o alimentos (Dresser, Spence & Bailey, 2000; Lourenço, 2001; San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011).

Interacciones fisicoquímicas

Como su nombre lo indica, son interacciones meramente físicas o químicas y que dependen de las características intrínsecas de cada uno de los sustratos que interactúan (Fernández, 2012; San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011). Se les conoce también como in vitro debido a que no hay procesos fisiológicos involucrados. Estas son algunas de las interacciones más comunes:

  • Formación de complejos de coordinación o precipitados, como ocurre entre las tetraciclinas y las fluoroquinolonas con los cationes divalentes, como lo son el calcio y el magnesio (Wallace & Amsden, 2002).
  • Adsorción del medicamento a la superficie de algún componente de los alimentos.
  • Aumento de la solubilidad de un medicamento en algún componente de los alimentos.
  • Modificaciones en el pH gastrointestinal, las cuales pueden condicionar el estado iónico de un medicamento que sea un ácido o base débil, impidiendo su absorción adecuada; o bien, pueden hidrolizar ciertos fármacos, inactivándolos.
  • Interacciones basadas en mecanismos REDOX, como por ejemplo en la absorción del hierro en la dieta, el cual solo se absorbe si se encuentra como hierro (II).

Interacciones farmacocinéticas

Estas interacciones tienen la capacidad de modificar la concentración de un medicamento dentro del organismo y por lo tanto afectar su eficacia. Como se mencionó anteriormente, este tipo de interacción puede ocurrir en toda la cascada LADME, por lo que se puede ver afectada su absorción, su actividad terapéutica y su biodisponibilidad en distintas etapas del proceso.

Liberación

Cambios en el pH gástrico pueden retardar o aumentar la velocidad de disolución de un fármaco, así como la cantidad de secreciones, las cuales pueden ser modificadas por la presencia o ausencia de alimentos.

Absorción

La presencia o ausencia de alimentos puede incidir de distintas formas, como lo es en el retraso del vaciado gástrico, el aumento de la motilidad intestinal, y la estimulación de secreciones gastrointestinales, entre otros. Dependiendo del tipo de medicamento, así será el efecto. Un ejemplo de este tipo de interacción es la que se da entre el jugo de toronja y la glucoproteína G, la cual es inhibida por el primero. Esto es de especial importancia al dar psicotrópicos a los pacientes, pues aumentaría el nivel de estos (Bresser et al., 2002; Ellsworth, Witt & Dugdale, 2000; Genser, 2008).

Este tipo de interacción probablemente sea la más estudiada, mas no siempre la más pensada para medicar, puesto que solo adquiere relevancia en casos puntuales, como lo son la absorción disminuida de los bifosfonatos en presencia de alimentos, competencia por los sitios de absorción entre los aminoácidos, la levodopa y la tiroxina, entre otros (Maka & Murphy, 2000; San Miguel, Vargas & Martínez, 2004).

Distribución

Esta se puede ver modificada por dos tipos de interacción: por desplazamiento del fármaco de la proteína transportadora, especialmente la albúmina, o por la falta de proteínas transportadoras debido a una malnutrición. El desenlace de ambos es un aumento en las concentraciones del medicamento en plasma (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011).

Metabolismo

El objetivo del metabolismo es lograr transformar la sustancias de tal forma que se logre hacer lo suficientemente soluble para ser eliminado por medio de la orina. Para ello, se hace uso de reacciones de fase I y fase II. En la primera se sufren procesos de oxidación, mientras que la segunda se basa en reacciones de conjugación, con el fin de eliminarlas.

Parte del arsenal utilizado para este tipo de procesos es el citocromo P450, el cual se encarga de metabolizar las sustancias que entran al organismo. Estas enzimas pueden sufrir cambios en su función normal debido a la inducción o inhibición de sus sistemas enzimáticos, y debido a ello, se dice que este tipo de interacciones son las que poseen más repercusión clínica (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011).

Una de las interacciones más relevantes es el caso del jugo de toronja, el cual tiene la capacidad de inhibir al CYP3A4, el cual es el citocromo que más metaboliza medicamentos; al inhibirlo, aumentan los niveles de los fármacos en la sangre. Esta interacción adquiere vital importancia en los casos en los que se usan medicamentos con índice terapéutico estrecho, en ancianos o pacientes con insuficiencia hepática (Bailey, Malcolm, Arnold & Spence, 1998; San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011). Atención especial requieren los medicamentos como felodipino, midazolam y ciclosporina, pues la ingesta de jugo de toronja aumenta los niveles de estos a concentraciones por encima de su nivel tóxico (De Castro, Mertens-Talcott, Derendorf & Butterwork, 2007). Así mismo, cualquier cambio en el metabolismo de los medicamentos puede afectar el desempeño terapéutico, ya que si se inhibe una enzima, los profármacos van a disminuir su actividad, o si se induce una enzima, los fármacos como tales sufrirán el mismo destino.

Eliminación

Los medicamentos eliminados por medio de la orina dependen muchas veces del pH de esta, ya que dietas ricas en proteínas tienen a acidificar la orina y provocar un aumento en la excreción de medicamentos básicos. Además, una dieta rica en proteínas aumenta el flujo plasmático renal, así como la tasa de filtración glomerular mediada por la liberación de glucagón (Lourenço, 2001).

Existe otro tipo de interacción y es aquella que ocurre a nivel de reabsorción en los túbulos renales, específicamente entre las sales de litio y el cloruro de sodio. Se debe a que existe una inhibición competitiva para la reabsorción del litio por parte del sodio en aquellos pacientes que consumen alimentos con exceso de sal, por lo que cambios bruscos en el consumo de esta pueden llegar a causar fluctuaciones en los niveles de litio (Mariné, Vidal & Codony, 1993).


Interacciones farmacodinámicas

Este tipo de interacciones produce cambios en la respuesta del paciente a una combinación de fármaco-nutriente, sin modificar la farmacocinética del medicamento o la biodisponibilidad del nutriente (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011). La frecuencia de este tipo de interacciones es baja, debido a su mecanismo, ya que se trata de interacciones a niveles del receptor y molécula efectora, o por sinergismo en procesos fisiológicos. Un ejemplo de ellos es la ingesta conjunta de sal con los antihipertensivos, que puede causar un aumento en la presión sistólica y diastólica (Chrysant, Weder, McCarron et al., 2000; Lacy, Armstrong, Goldman & Lance, 2005).

En esta clasificación destaca la interacción de los medicamentos con el alcohol y los medicamentos que producen una estimulación o inhibición del sistema nervioso central, como lo son las benzodiazepinas. También se encuentra en esta lista el regaliz, que contiene glicirrizina y ácido glicirretínico, los cuales son inhibidores poderosos de la 11-betahidroxi deshidrogenasa de los esteroides y causan un aumento en exceso del cortisol, el cual activa el receptor de los mineralocorticoides y aumenta la retención del sodio y la depleción del potasio (Ploeger, Mensinga, Sips, Seinen, Meulenbelt & DeJongh, 2001; Serra et al., 2002). Adicionalmente, este interactúa con la espironolactona y la digoxina, y la vitamina K con los anticoagulantes cumarínicos, el potasio y los diuréticos ahorradores de potasio, entre otros (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011).

Sin embargo, no toda interacción de este tipo conlleva a un deterioro en el tratamiento. Esto porque una interacción puede tener un desenlace positivo en un paciente, es decir, que la interacción sea deseada. Este es el caso de la combinación de cafeína con algunos antiinflamatorios no esteroideos, en cuyo caso el efecto se ve aumentado y esto se traduce en un mejor efecto analgésico (San Miguel, Vargas & Martínez, 2004).


Interacciones de los nutrientes sobre los fármacos

En ciertos casos, los medicamentos pueden afectar el proceso natural de la utilización de los nutrientes, llegando a manifestarse como situaciones de cuidado. Un claro ejemplo de esto es la interacción que ocurre con los inhibidores de la monoaminooxidasa (iMAO) y los alimentos ricos en tiramina, la cual es un agente simpaticomiético indirecto (Hyman-Rapaport, 2007). Este tipo de amina hallada en la dieta rica en quesos maduros, vino tinto, bananos maduros, yogurt, pasta de camarón y salami, por ejemplo, es metabolizada por la MAO, y al estar en presencia de inhibidores puede llegar a desencadenar lo que se conoce como el cheese effect (Volz & Gleiter, 1998) y producir crisis hipertensivas (San Miguel & Sánchez-Méndez, 2011). Otro caso similar es el uso del orlistat y la deficiencia de proteínas liposolubles, pues su absorción se ve afectada debido a la acción inhibitoria de la lipasa intestinal. 


Antagonismo de vitaminas

Existen ciertos medicamentos que poseen un efecto antagónico sobre las vitaminas y deficiencias de estas (Sandstrom, 2001). Algunos de los casos más puntuales son los siguientes:

  • Folatos con: pirimetamina, triamtereno, trimetoprim, vincristina, fenobarbital, metotrexate.
  • Tiamina con: isoniazida, hidralazina, cicloserina, levodopa.
  • Vitamina K con: anticoagulantes cumarínicos.
  • Piridoxina con: isoniazida, alcohol, anticonceptivos orales, fenitoína, fenobarbital.
  • Ácido nicotínico con: isoniazida. Esta requiere además un peculiar cuidado por interactuar con dichas vitaminas y la toma concomitante con alimentos reduce drásticamente su biodisponibilidad, lo cual resulta en una erradicación ineficaz de la micobacteria (Self, Chrisman, Baciewicz & Bronze, 1999; Zhu, Nix, Adam, Childs & Peloquin, 2001).

Conclusiones y recomendaciones

A lo largo de esta revisión, se ha comprobado que la administración concomitante de medicamentos y alimentos puede dar lugar a interacciones que modifiquen los efectos de estos con una magnitud que puede llegar a ser grave o, incluso, tener un desenlace mortal por no brindar al paciente el efecto terapéutico deseado. De lo anterior, se puede llegar a la conclusión de que impera una gran importancia en que los profesionales en ciencias de la salud estén familiarizados con las interacciones entre medicamentos y alimentos, teniendo en mente la meta de optimizar la efectividad del tratamiento instaurado y de minimizar los efectos adversos asociados a los medicamentos de los pacientes, tal como han resaltado diferentes autores (Maka & Murphy, 2000; McCabe, Frankel & Wolfe, 2003; Schmidt & Dakhoff, 2002).

Para la identificación y el diagnóstico de una interacción de esta índole, se manejan criterios similares a los utilizados para la identificación de reacciones adversas a medicamentos; es decir, se intenta responder a las siguientes preguntas (Jiménez, Merino, Ordovás & Casabó, 1999):

  • ¿Existe una asociación significativa entre la administración del medicamento, o de la combinación entre un alimento y un medicamento, y el resultado adverso o no deseado que presentó el paciente?
  • ¿Existe una relación temporal que es racional, entre la administración de la combinación alimento-medicamento y el efecto adverso observado en el paciente?
  • ¿La asociación es aleatoria y no tiene fundamentos para tratarse de una reacción entre un medicamento y un alimento?

Es necesario realizar una historia clínica que incluya toda la información sobre la toma de medicamentos que no sean prescritos, suplementos alimenticios, otras drogas o sustancias, alcohol, alimentos y plantas medicinales (dietas de toronja, regaliz, adelgazantes, etc.), esto porque en la mayoría de los casos la historia sobre el uso de plantas medicinales generalmente no está incluida en la práctica clínica y los pacientes muchas veces no informan sobre este tema a menos de que sean increpados (Evans, 2000). Otro factor a considerar son los alimentos que han sido enriquecidos con micronutrientes, cuyos problemas han llamado la atención de algunos autores recientemente (Sandstrom, 2001).

Los grupos de población con un riesgo de interacciones particularmente elevado deben recibir especial atención. Estos son integrados por los adultos mayores, las personas con bajo peso corporal, los pacientes que poseen insuficiencia renal y las mujeres embarazadas, entre otros. También los pacientes internados que hayan tenido una larga estancia hospitalaria, que por lo general suelen ser adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas como cáncer o SIDA, o los que tienen instaurado un tratamiento con medicamentos anticoagulantes, deben ser monitoreados con cuidado. Debido a las dificultades para establecer el riesgo real de que se desarrolle una interacción determinada, es necesario identificar, en la medida de lo posible, las situaciones en las que este riesgo sea mayor. Para ello, es útil seguir las siguientes reglas prácticas (De Cos, 1997):

  • Conocer bien las características de los medicamentos que con más frecuencia producen interacción, sobre todo aquellos que son más usados.
  • Considerar siempre la situación de aquellos órganos cuya disfunción puede aumentar las manifestaciones de una interacción (insuficiencia renal e insuficiencia hepática).
  • Reducir al mínimo el número de medicamentos que deben administrarse y velar siempre por el uso racional de estos.
  • Evitar las combinaciones que estén contraindicadas; sustituir el fármaco que interactúa por otro de la misma familia, pero con menor potencial de causar alguna interacción (por ejemplo, cambiar la cimetidina por ranitidina o famotidina).
  • Monitorear cuidadosamente la acción terapéutica y la tóxica cuando se adicionen o se suspendan medicamentos.
  • Considerar la posibilidad de una interacción cuando la respuesta del paciente al medicamento no sea la esperada, como lo puede ser alguna reacción adversa o falla terapéutica.
  • Cuantificar los niveles del medicamento cuando se sospeche de alguna interacción, con énfasis en los antiepilépticos, antiarrítmicos e inmunosupresores.

Es necesario tener en cuenta que las interacciones entre medicamentos y alimentos se producen en una situación real y no deben inducir al profesional de la salud a tratarlas sistemáticamente como contraindicaciones estrictas, sino individualizar el análisis para cada paciente en cuestión e integrar tanto a la farmacoterapia como a la ingesta de alimentos. Esto, porque, aun cuando la interacción se produzca, solo en un porcentaje de casos se van a manifestar consecuencias clínicamente significativas, merecedoras de una intervención que tiene que ser hecha de manera temprana (De Cos, 1997). En este sentido, es recomendable no hacer uso de medicamentos que posean un riesgo de interacción significativo cuando existan otras opciones terapéuticas equivalentes.

Los profesionales en ciencias de la salud, y en especial el farmacéutico, tienen el deber de informar a los pacientes sobre las pautas de no tomar determinados fármacos junto con algunos alimentos para evitar posibles interacciones, ya que si no se minimizan o mitigan estas interacciones, podría aumentar el riesgo de una falla terapéutica (McCabe, Frankel & Wolfe, 2003).

Uno de los aspectos más importantes para el paciente, es aconsejarlo en forma adecuada sobre los horarios de dosificación de medicamentos más convenientes en relación con las comidas, de manera que el horario y el tipo de alimentación favorezcan al máximo la acción del medicamento prescrito. Además, cuando el paciente toma varios medicamentos, este debe conocer cuáles puede tomar de manera concomitante y cuáles deben ser tomados solos.

Para evitar una absorción errática de medicamentos, se ha recomendado que los medicamentos orales sean tomados con un vaso de agua y con el estómago vacío, una hora antes o dos horas después de las comidas. Para los medicamentos que causan molestias gástricas cuando se toman con el estómago vacío, se recomienda ingerir una pequeña cantidad de carbohidratos (por ejemplo, pan) (Murray & Healy, 1991). En los casos en los que exista una interacción, tal como se ha observado en la administración simultánea de medicamentos y vitaminas, se recomienda efectuar una administración suplementaria adecuada de los nutrientes y un ajuste en la dosis del medicamento (Schumann, 1999).

Siempre que la situación lo permita, no es adecuado cambiar de manera abrupta el tipo de dieta consumida habitualmente por las personas tratadas con medicamentos. Por ejemplo, en el caso del uso de teofilina, al pasar de dietas ricas en proteínas a dietas con baja cantidad de estas, o viceversa. Si se varía la dieta, es conveniente determinar las concentraciones plasmáticas del medicamento, cuando la situación lo permita, con el fin de tener cuantificados los posibles cambios en las concentraciones del medicamento en la sangre. La aparición de interacciones también puede ser afectada por el cambio de una forma farmacéutica de liberación modificada por otra forma del mismo principio activo pero de liberación inmediata.

Asimismo, con respecto a la dieta, puede ser necesario:

  • revisar la dieta del paciente, guiándolo, si fuera necesario, sobre los alimentos que debe evitar;
  • involucrar a los nutricionistas en el manejo y la prevención de este tipo de interacciones, mediante la elaboración de hojas informativas o procedimientos que contengan los pasos a seguir en caso de identificar interacciones entre medicamentos y alimentos;
  • informar sobre las consecuencias de la ingesta de alcohol con los medicamentos;
  • monitorear el estado nutricional del paciente, teniendo en cuenta la posible depleción vitamínica, como por ejemplo los folatos, vitamina D, etc.

Se han realizado investigaciones sobre los métodos de prevención de las interacciones entre medicamentos y alimentos, y estas han concluido que el programa más adecuado combina un sistema de información para ayudar a que los profesionales en ciencias de la salud, de manera interdisciplinaria, seleccionen los tiempos de administración más adecuados y aumenten su atención a las interacciones potenciales mediante un programa de información al paciente con instrucciones verbales, prospectos y etiquetas (McCabe, Frankel & Wolfe, 2003).

Considerando lo anterior, las interacciones de esta índole se pueden prevenir, pero para ello es necesario un ejercicio de responsabilidad y trabajo interdisciplinario por parte los profesionales en salud:

  • Médico: Debe conocer el riesgo y predecir los efectos adversos de los medicamentos y sus combinaciones con alimentos.
  • Farmacéutico: Su misión es instruir al paciente, asesorar al médico y elaborar las pautas de administración de los medicamentos, en relación con la pauta dietética, incluyendo suplementos de nutrientes. Además, el farmacéutico debe asistir al médico en caso de identificar alguna interacción entre un alimento y un medicamento que haya encontrado durante su revisión diaria de los pacientes, mostrándole el problema y ofreciéndole una solución.
  • Enfermero: Debe conocer cuándo se tienen que administrar los medicamentos con respecto a las horas de alimentación.
  • Nutricionista: Tiene la responsabilidad específica de suministrar al resto del equipo de profesionales en salud las pautas nutricionales recomendadas. Igualmente, debe realizar la evaluación del estado nutricional y monitorear el empleo de medicamentos junto con el farmacéutico.

Son de gran utilidad la ficha técnica, el prospecto y las monografías de fuentes de información de medicamentos que sean aprobadas por la FDA o su similar para el uso correcto del medicamento. Estos contienen información completa sobre el medicamento, incluyendo sus interacciones y recomendaciones sobre el modo de administrarlo según la ingesta de alimentos (Ratain & Cohen, 2007; San Miguel, Vargas & Martínez, 2004)


Referencias bibliográficas

Bailey, D.G., Malcolm, J., Arnold, O. & Spence, J.D. (1998) “Grapefruit juice-drug interactions”. Br J Clin Pharmacol. 46: 101-10.

Bresser, G.K., Bailey, D.G., Leake, B.F., Schwarz, U.I., Dawson, P.A., Freeman, D.J. et al. (2002) “Fruit juices inhibit organic anion transporting polypeptide-mediated drug uptake to decrease oral availability of fexofenadine”. Clin Pharmacol Ther. 71(1): 11-20.

Bushura, R., Aslam, N., Yar-Khan, A. (2011) “Food-Drug Interaccions”. Oman Medical Journal. 26(2): 77-83.

Chrysant, S.G., Weder, A.B., McCarron, D.A. et al. (2000) “Effects of isradipine or enalapril on blood pressure in salt-sensitive hypertensives during low and high dietary salt intake”. Am J Hypertens. 13: 1180-8.

De Castro, W.V., Mertens-Talcott, S., Derendorf, H. & Butterwork, V. (2007) “Grapefuit juice-drug interactions: grapefruit juice and its components inhibit P-glycoprotein (ABCB1) mediated transport od talinolol In Caco-2 cells”. J Pharm Sci. 96(10): 2808-2817.

De Cos, M.A. (1997) “Interacciones de fármacos y sus implicaciones clínicas. En: Flórez, J. Farmacología Humana (3ª ed.) Barcelona: Masson. 165-176.

Dresser, G.K., Spence, J.D. & Bailey, D.G. (2000) “Pharmacokinetic-pharmacodynamic consequences and clinical relevance of cytochrome P450 3A4 inhibition”. Clin Pharmacokinet. 38: 41-57.

Ellsworth, A.J., Witt, D. & Dugdale, D. (2000) Mosby’s Medical drug reference, 1999-2000. St. Louis: Mosby and Co. Inc. 918-919.

Evans, V. (2000) “Herbs and the brain: friend or foe? The effects of ginkgo and garlic on warfarine use”. J Neurosci Nurs. 32: 229-232.

Fernández, J.M.E. (2012) “Las Interacciones alimento-medicamento: conceptos básicos, aspectos a tener en cuenta en la práctica farmacéutica”.  Aula de la farmacia: revista profesional de formación continuada. 8(93): 54-59.

Genser, D. (2008) “Food and drug interaction: consequences for the nutrition/health status”. Ann Nutr Metab. 52 (suppl 1): 29-32.

Hansten, P.D. (2003). “Drug interaction management”. Pharm World Sci. 25:94-7.

Hyman-Rapaport, M. (2007) “Translating the evidence on atypical depression into clinical practice”. J Clin Psychiatry. 68 (Suppl 3): 31-36.

Jiménez, N.V., Merino, M., Ordovás, J.P. & Casabó, V. (1999) Interacciones entre medicamentos y alimentos: bases farmacoterapéuticas (1a ed.) Madrid: Nutricia.

Lacy, C.F., Armstrong, LL., Goldman, M.P. & Lance, LL. (2005). Drug Interaction handbooks (13 ed.). Ohio: Lexicomps. 706-708, 1269.

Lasheras, B. (2003) “Bases farmacológicas de las interacciones entre fármacos y nutrientes”. En Alimentos y nutrición en la práctica sanitaria. Madrid: Editorial Díaz de Santos.

Li, Y., Jiang, X., Lan, K., Zhang, R., Li, X. & Jiang, Q. (2007) “Pharmacocinetic properties of rosuvastatin after single-dose, oral administration in chinese volunteers: a randomized, open-label, three-way crossover study”. Clin Ther. 29(10): 2194-2203.

Lourenço, R. (2001) “Enteral feeding: Drug/nutrient interaction”. Clinical Nutrition. 20: 187-193.

Mariné, A., Vidal, M.C. & Codony, R. (1993) “Interacciones entre fármacos y alimentos”. Nutrición y dietética. Aspectos sanitarios. Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Vol. 2: 902-57.

Maka, D.A. & Murphy, L.K. (2000) “Drug-nutrient interactions: a review”. AACN Clin Issues. 11: 580-9.

McCabe, B.J., Frankel, E.H. & Wolfe, J.J. (eds) (2003). Handbook of food-drug interactions. Boca Raton, Florida: CRC Press.

Murray, J.J. & Healy, M.D. (1991) “Drug-mineral interactions: a new responsibility for the hospital dietitian”. J Am Diet Assoc. 91: 6670.

Nekvindová, J. & Anzenbacher, P. (2007) “Interaccions of foor and dietary Supplements with Drug Metabolizing Cytochrome P450 Enzymes”. Ceska Slov Farm. 56(4): 165-173.

Ploeger, B., Mensinga, T., Sips, A., Seinen, W., Meulenbelt, J., DeJongh, J. (2001) “The pharmacokinetics of glycyrrhizic acid evaluated by physiologically based pharmacokinetic modeling”. Drug Metab Rev. 33(2): 125-147.

Ratain, M.J. & Cohen, E.E. (2007) “The value meal: how to save $1,700 per month or more on lapatinib”. J Clin Oncol. 25: 3397-3398.

Sandstrom, B. (2001) “Micronutrient interactions: effects on absorption and bioavailability”. Br J Nutr. 85: 181-185.

San Miguel, M. & Sánchez-Méndez, J. (2011) “Interacciones alimento‐ medicamento”. Inf. Ter. Sist. Nac. Salud, 35(1):3‐12.

San Miguel, M., Vargas. E. & Martínez, J.A. (2004) “Interacciones entre medicamentos y alimentos: aspectos actuales”. An. R. Acad. Nac. Farm. 70: 147-79.

Schmidt, L.E. & Dakhoff, K. (2002) “Food-Drug Interaccions”. Drugs. 62(10):1481-1502.

Self, T.H., Chrisman, C.R., Baciewicz, A.M. & Bronze, M.S. (1999) “Isoniazid drug and food interactions”. Am J Med Sci. 317(5): 304-311.

Serra, A., Uehlinger, D.E., Ferrari, P., Dick, B., Frey, B.M., Frey, F.J. et al. (2002) “Glycyrrhetinic acid decreases plasma potassium concentration in patients with anuria”. G. Am. Soc. Nephrol. 13: 191-196.

Schumann, K. (1999) “Interactions between drugs and vitamins at advanced age”. Int J Vitam Nutr Res. 69: 173-178.

Turton-Weeks, S.M., Barone, G.W., Gurley, B.J., Ketel, B.L., Lightfoot, M.L. & Abul-Ezz, S.R. (2001) “St John´s Wort: A hidden risk for transplant patients”. Progr Transp. 11:116-20.

Volz, H.P. & Gleiter, C.H. (1998) “Monoamine oxidase inhibitors. A perspective on their use in the elderly”. Drugs Aging. 13(5): 341-355.

Wallace, A.W. & Amsden, G.W. (2002) “Is it really OK to take this with food? Old interactions with a new twist”. J Clin Pharmacol. 42: 437-43.

Zhu, M., Nix, D.E., Adam, R.D., Childs, J.M. & Peloquin, C.A. (2001) “Pharmacokinetics of cycloserine under fasting conditions and with high-fat meal, orange juice, and antacids”. Pharmacotherapy. 21(8): 891-897.


Versión Impresa

Descargar PDF



Se prohibe la reproducción total o parcial sin la autorización expresa de sus directores.

Comments powered by CComment

La revista es una publicación cuatrimestral que circula en el primer mes de edición, que enlaza a todos los profesionales en ciencias de la salud del país y la región centroamericana, divulgando el quehacer científico e impulsando el conocimiento humano.

ISSN: 2215-5171

 

Contacto Crónicas Científicas

Creemos en la innovación que transforma las ideas en VIDA. Por ello ponemos a su servicio nuestros contactos para que podamos construir canales para comunicarnos en forma directa.

Escríbanos

Somos gente dedicada a la vida, nos esforzamos todos los días por cumplir con estándares nacionales e internacionales para garantizar los servicios médicos de calidad y nuestro compromiso con el ambiente.

Visite nuestro sitio web

 

Instituto Parauniversitario ASEMECO

El Instituto Parauniversitario ASEMECO es parte de la visión del Hospital Clínica Bíblica donde se destacan la enseñanza y la investigación médica, como elementos fundamentales para el bienestar social. Conozca la oferta académica.

Visite nuestro sitio web